El desprecio en mis ojos, el odio que sentía por él, hizo que David sintiera miedo de inmediato. Temía que nunca más lo amaría, que nunca más estaría con él. Que siempre lo odiaría. Él no quería que fuera así. Pero… ¡era la vida de una inocente! La vida de Luna. Sabía que, en ese momento, cualquier explicación era inútil. Cualquier intento de explicarse no serviría de nada. Aun así, trató de hablar.
—Esmeralda, sé que Luna te ha hecho mucho daño, y sé que su relación con Rashid no es normal.