Javier la miró de soslayo y esbozó una sonrisa ladeada. Se pasó el pulgar por la barbilla antes de asentir.
—Pero mirá qué bien —dijo con sorna—. La señora desaparece por años, sin dar una sola explicación, y lo primero que hace al volver es exigirme el divorcio.
Soltó una breve carcajada incrédula y negó con la cabeza.
—¡Vos no tenés un solo límite, eh! —añadió, dejando entrever el enojo que ya no podía contener.
Se encaminó despacio hacia Sam, aproximándose hasta quedar lo suficientemente