Capítulo 27 : Heridas Que No Sanan.
Fue un beso que nació del hambre de mil noches en vela. No hubo rastro de la frialdad de Mariana, ni de la culpa que lo carcomía en la oficina. Fue el mismo beso de siempre: ese encuentro donde sus almas se entrelazaban con una familiaridad absoluta. Tenía el sabor de la promesa cumplida, de las mañanas de sol en Londres y de la paz que solo Kate sabía infundirle.
Marcos cerró los ojos con fuerza, aferrándose a sus hombros, sintiendo la textura de su abrigo. Por un instante eterno, el engaño