Capítulo 26: Aún existe el amor.
La ciudad de Londres, con su ritmo frenético y sus luces implacables, se volvió insoportable para Marcos. Al salir de la corporación, el peso de su propio apellido le oprimía el pecho. La idea de volver a la mansión Chevalier, de enfrentar la furia contenida de Mariana o de habitar ese silencio cargado de reproches, le resultó simplemente imposible.
—A la casa no, Braulio —dijo con la voz ronca, sin despegar la vista de la ventanilla—. Déjame cerca de Hampstead Heath.
El chófer asintió en