La oficina de Gabriel en la mansión era un hervidero de actividad. Lucas estaba de pie junto al escritorio, revisando un fajo de informes sobre el nuevo cargamento que llegaría al puerto esa tarde. Era una de las transacciones más grandes del año, una que requería la presencia de Gabriel para asegurar que los otros clanes no intentaran un sabotaje.
—El convoy sale en veinte minutos, señor —dijo Lucas, consultando su reloj—. Los rusos ya están en posición y esperan su confirmación personal para