Giorgio volvió minutos después a la habitación con una bandeja. La comida se veía deliciosa, pero Lia notó que gran parte de ella era alta en hierro. Miró a Giorgio y se sentó.
—Come, debes ponerte fuerte para que ese bebé llegue bien.
—Giorgio, ¿tengo algo malo con mi embarazo?
Giorgio la miró; sus ojos grises se notaban incómodos.
—Quedamos en que jamás nos mentiríamos.
Giorgio suspiró y la miró a los ojos.
—Tienes anemia, una anemia muy severa. El bebé te está consumiendo el poco hierro que