La noche continuó entre conversaciones, risas y brindis. Giorgio hablaba con Lucien y Silvano sobre rutas comerciales, puertos y nuevos negocios mientras Lia permanecía junto a las dos mujeres de ojos color miel. Bastaba observarlas unos minutos para notar que, aunque eran hermanas, tenían personalidades completamente distintas. Addeline era tranquila, elegante y medía cada una de sus palabras antes de hablar; Annelisse, en cambio, parecía incapaz de permanecer callada más de diez segundos. Reí