Acercó entonces su silla de ruedas a la cama y maniobró con cuidado para subir por sí misma a esta. Cuando esté se dio cuenta de lo que pasaba, ella ya se encontraba recostada sobre el colchón a su lado; así que solo le ayudo a terminar de acomodarse.
—Oliver, debo contarte algo —le dijo, armándose de valor para decirle lo sucedido y es que sabía se enojaría mucho.
—Espera solo un poco, que debo hablar contigo. Necesito desahogarme o explotare y es que cuando la vi ahí parada ante nosotros estu