Capítulo 88
El lobo me presionó el cuchillo un poco más contra el cuello, molesto, como si mi presencia fuera una ofensa personal.
—Tienes que irte —me dijo con tono áspero—. Este no es lugar para lobas ricas que solo vienen a aprovecharse de nosotros. No necesitamos su lástima.
No sentí miedo, pero sí una rabia que me recorría la sangre. Estaba a punto de responder cuando escuché pasos detrás de nosotros.
—¡Ezequiel, suéltala ahora mismo! —gritó Jorge.
El lobo se tensó, sorprendido, y bajó de