Abro los ojos de sopetón y mi corazón se dispara cuando la primera imagen que veo, es el rostro de Luc sobre el mío, a pocos centímetros. Estudio sus ojos que me observan sorprendidos, en silencio, antes de alejarse y volver a su lugar.
Me incorporo de golpe y me paso una mano por el pelo, todavía algo confundida con lo que acabo de soñar. Otro sueño al que no le encuentro sentido y que, una vez más, trae consigo el desagradable sentimiento de pérdida y la maldita confusión.
—¿Dónde estamos? —