—¡Que sí! — contesto exasperada —. Dilo ya.
La verdad es que no, pero debo tener lo máximo de información posible. Ya bastante difícil es mantenerme cuerda por mi cuenta, como para, además, quedarme con las dudas. Él parece vacilar, mientras ladea y aprieta un poco los labios.
—Como digas — suspira —. Bien, lo primero que hicimos fue hablar de lo que pasó por la tarde. Me disculpé, pero eso ya lo sabes, ¿cierto?
—Claro que sí — miento.
Carraspea una vez y luego otra y se lleva una mano a