—No iba a comentarlo, porque es realmente entretenido — dice Nick, comiendo el último trozo de magdalena —. Pero, una vez más, no puedo resistirlo; ¿qué tarareas tanto?
—Tú conoces muchas canciones, ¿cierto?
—Las suficiente, ¿por qué? — ladea un poco el rostro.
—¿Reconoces la que estaba tarareando? — pregunto, con una nota de necesidad y vergüenza.
Arruga la frente un poquito y me pide que repita el tarareo un par de veces. Se queda en silencio pensando y, al final, niega.
—No, lo siento.