Capítulo 21

Alguien creyó original adornar las cornisas del colegio de las hijas de Uriñes con figuras de niños leyendo, pintando, jugando. Simulaba gárgolas de una naturaleza infantil. El resultado era grotesco en realidad.

Inmersa en esos pensamientos, sentí el tacto de Martina, la hija pequeña de mi compañero de la comisaría. La niña me saludó efusiva, quería mostrarme la botella con algodón y guisantes florecid

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