Mundo ficciónIniciar sesiónDespertar a Mateo, la mañana siguiente, fue una tarea titánica. Además de lo tarde en que conseguimos dormir, estábamos exhaustos de tanta actividad. Jugué la carta que menos él imaginaba.
— Son las 7, todavía puedes conducir hasta la guardería de tu hijo y darle un beso antes de que comiencen las clases.
Como si de un resorte se tratara, se levantó y entró al baño. Me acerqué a la ducha y







