Capítulo 65. Un Lirio en el Pantano
El silencio en la mesa era más denso que el humo del cigarrillo que flotaba entre ellos. Florence se quedó de pie a su espalda durante lo que parecieron siglos, pero Maximilian no se inmutó. No se giró, ni hizo el más mínimo gesto de sorpresa; simplemente siguió observando el vaivén del whisky en su vaso, disfrutando del poder que ejercía su sola presencia.
—Siéntate, Florence —dijo él finalmente, con esa voz barítona que siempre le causaba escalofríos. No era una invitación, era una orden.
Ell