El sonido del despertador volvía a timbrar ante lo cual Horacio despertaba sobresaltado, ocho de la mañana en punto y él dormía plácidamente, Aida no se encontraba en la habitación.
Había llegado algo tarde a casa, por lo que el sueño se apoderó completamente de sus parpados, aun traía la camisa del día anterior, Aida de seguro lo había notado, que decir, cuando en realidad para que explicar lo que es inexplicable, seria mentiras a medias, o verdades a la inversa, entraba en la amplia sala de b