En su habitación Marla guardaba su última pieza de ropa, la puerta se abría de par en par, la mujer de la limpieza le entregaba unas prendas, un par de zapatos deportivos y una toalla limpia. Todo estaba en orden y aseado. Le entregó una buena propina.
Se sentaba sobre la cama, mientras miraba una pequeña foto que estaba en su cartera de mano, era ella y Robinson, eran jóvenes, hermosos y soñadores, ahora no quedaba nada.
Ella era demasiado insoportable, volcánica, Robinson demasiado apagado y