No recuerdo muy bien cuando llegue, ni como llegue, ni en qué estado estábamos cuando llegue al pueblo… pero Palt ya no lloraba en aquel momento, solo sabia que era como un cuerpo viviente caminando sin rumbo fijo, solo caminaba. Miré a Palt y entonces desperté de mi trance, respiraba con dificultad y estaba tan pálida. Mi hija…
—¿¡Palt… Palt cariño que te pasa!? —la toque y estaba tan fría como un cubo de hielo, corrí con ella en brazos, mire las calles, los edificios y estaba seguro de que es