Aquella cabaña contaba una historia en sus paredes, en el suelo y en cada decoración del lugar, parecía como si el tiempo se hubiera detenido. Fotografías de Paul, una mujer y una pequeña niña decoraban la estancia, dejándome inerte en mi lugar. De repente la lluvia callo con más fuerza, tome una porta retratos y la pregunta broto de mi boca.
—¿Era tu hija…? — pregunté sintiendo una mezcla de tristeza y melancolía, aquella pequeña rubia de ojos azules sonreía con alegría.
—Sí…—apreté mi puño y