Después de dos días de viaje, llegamos por fin a unas ruinas derruidas de lo que parecía ser una entrada subterránea, jamás había visto este lugar después de tantos años recorriendo estos bosques. Aquel marco de granito que apenas sostenía la puerta de hierro oxidado ya estaba empezando a ceder por el tiempo, Palt, aparto las enredaderas y empujando la pesada puerta, nos miró y dijo.
—Entren primero…
—¿Qué es este lugar, Palt? Que vamos a hacer aquí…
—Ya lo verán con sus propios ojos, rápido ya