Mundo ficciónIniciar sesiónÁngela y Matt han tomado caminos diferentes, cada uno ocupa un puesto importante para su gente, Ángela es la alcaldesa de su pueblo y Matt el alfa de su manada, enemigos indiscutibles. Y aunque sus senderos sean distintos, terminan siempre encontrándose en el mismo punto, la venganza de su gente y el rencor de los dos pueblos que exige sangre. Aun así, Ángela tiene una batalla más importante que librar, escoger entre dos hombres, la manzana prohibida y aquel oasis refrescante.
Leer másCapítulo 1: Matrimonio bajo coacción
El corazón me latía a una velocidad bestial, al punto de sentir que se me saldría del pecho. Miraba por la ventana del segundo piso de mi habitación, con el celular en mano. Esperaba una señal, un milagro, pero el tiempo pasaba y no recibía ninguna notificación de mi novio. Se supone que ya debería estar aquí, debajo de mi ventana, para ayudarme a escapar de este maldito matrimonio por contrato que planificó mi padre. Pero en su lugar, estaba en mi habitación, con un vestido blanco de corte princesa y con un velo cayendo sobre mi espalda, a punto de casarme con Alexander Westwood; uno de los hombres más despiadados del país. Pero eso no le importaba a mi padre, solo quería llenarse los bolsillos. —Marcos… ¿Dónde estás? —susurré, sintiendo como la mano que sostenía el celular no dejaba de sudar. Un crujido en la puerta me hizo sobresaltar, giré sobre mis talones, sabiendo muy bien lo que me esperaba. Mi padre entró en la habitación, sus ojos fueron en mi dirección como si fuera atraído por el miedo que brotaba de mi cuerpo. —¿Qué carajos crees qué haces aquí? —gruñó, caminando hasta plantarse frente a mí—. Ya deberías estar en el maldito auto. ¡Llegaremos tarde a la iglesia por tu culpa! Tragué saliva, sintiendo como mi garganta se cerraba por si sola. Marcos no aparecía y mi padre estaba frente a mí, queriendo llevarme con mi nuevo captor. Nadie me salvaría, solo me tenía a mí misma… Y eso no era mucho que digamos. —Padre… Rechazo este matrimonio —El labio inferior me temblaba mientras hablaba—. Ese hombre es cruel y despiadado. No quiero convertirme en su esposa. No me había atrevido a decir aquellas palabras antes, porque sabía cuál sería su reacción. Pero tenía que decirlo, que intentarlo. Porque aún albergaba la esperanza de que mi padre entrara en razón. Que por primera vez en mis veintiún años de vida, me viera como su hija y no como una moneda de cambio. Pero toda mi esperanza murió cuando me volteó el rostro de un bofetón. Podía sentir como mi mejilla ardía y las lágrimas amenazaban con salir, pero las contuve, respirando profundo. —¡Deberías estar agradecida que Alexander Westwood haya aceptado desposarte a pesar de tu condición! —Tomó mi mentón con fuerza, obligándome a ver sus ojos negros y vacíos—. Él es tu última oportunidad de casarte. Ningún otro hombre de clase alta te aceptará como esposa porque están acostumbrados a mujeres perfectas. O al menos, en tu caso, a las normales. ¡No a una albina! Las personas como Alexander, que nacieron con la cuchara de plata metida en donde no les daba el sol, se creían con el derecho de despreciar a la gente a su antojo. Y en mi caso particular, jamás cruzamos palabra por esa razón. Para Alexander Westwood yo no era más que una cucaracha. Por eso, no entendía por qué alguien como él, aceptaría un matrimonio por conveniencia con una cucaracha albina como yo. O al menos, así me han llamado algunos. —Padre… No puedo casarme, yo no lo amo —dije en un hilo de voz, escuchando los latidos desbocados de mi corazón. Mi progenitor agrandó los ojos y su gesto de sorpresa fue digno de una fotografía. —¿Te falta materia gris en el cerebro? —Usó su dedo índice para tocar bruscamente mi frente, como si de esa forma me pudiera introducir sus palabras en la cabeza—. Estás a punto de convertirte en miembro de una de las familias más influyentes del país y tú me sales a hablar de amor. ¿Sabes en la posición en la qué nos encontramos? Pertenecemos a la clase alta, pero apenas. ¡Estamos en lo más bajo de la jerarquía y por fin tenemos la oportunidad de subir gracias a que un Westwood aceptó el contrato de matrimonio! ¡Tú y tu aspecto fantasmagórico jamás podrán conseguir algo mejor! Sus palabras solo aumentaban el odio que sentía por mi aspecto. No me gustaba tener el cabello, las cejas y las pestañas blancas, ni los ojos entre lilas y violetas. Yo quería ser normal, como las demás mujeres. Pero nací con la misma condición que mi madre. Tomó mi brazo, tirando con fuerza, al punto de sentir que me sacaría el hombro de lugar. Me hizo avanzar por la mansión sin contemplaciones, con los empleados observando mi humillación sin inmutarse. Ya estaban acostumbrados. Mi madre se encontraba en la puerta del ala de servicio, con su ropa sucia llena de polvo, observándome con un gesto de tristeza. Ella no podía hacer nada por mí. A pesar de ser la señora de esta mansión, no era tratada mejor que una sirvienta. Y algo me decía, que ese era el futuro que me esperaba a mí al lado de Alexander Westwood. Reprimí las lágrimas que amenazaban con salir, enfrentándome a mi realidad. De un tirón de pelo, logró sacarme por la puerta principal, hasta encerrarme en la parte de atrás del carro. Él se introdujo en el asiento del conductor, pisando el acelerador como si no hubiera un mañana. Miré por la ventanilla como se alejaba la prisión donde crecí, para ser reemplazada por una nueva. Durante el trayecto, mi padre no dejó de insultarme, de menospreciarme. Yo solo podía ver por la ventanilla, observando como todo se movía tan rápido, pero yo parecía haberme quedado estancada. De pronto, pasamos frente al muelle. Se supone que yo debería estar en ese muelle, en una de esas embarcaciones, huyendo de este país de la mano de Marcos. Pero todos mis planes se habían derrumbado con su ausencia. Y como si el universo me estuviera hablando, el auto se detuvo en una luz roja. Un impulso viajó por mi columna vertebral, causando un intenso cosquilleo en mis extremidades. Sin tener control sobre mi cuerpo, salí del coche. No me detuve a pensar en lo que estaba haciendo, ni en las consecuencias de mis acciones. Corrí entre los vehículos, con los gritos de mi padre siendo opacados por la brisa. No me importaba nada en estos momentos, solo quería mi libertad. Los pulmones me ardían, el corazón me latía con una fuerza abrasadora y los pies me dolían, pero no me detuve hasta que estuve en el muelle, con el olor del agua salada invadiendo mis fosas nasales. Mis ojos fueron a la muchedumbre, buscando, diferenciando rostros, hasta que me encontré con su cabellera rubia como si fuera un milagro. —¡Marcos! —grité con fuerza, sintiendo la esperanza en el fondo de la garganta. Sus ojos marrones se encontraron con los míos. Una sonrisa de dibujó en mis labios, pero él no me la devolvió. Esperaba ver felicidad en su rostro, sin embargo, fui recibida por una frialdad que jamás había visto en mi vida. Me barrió con sus ojos antes de terminar de embarcar, fingiendo que no me había visto, que era tan insignificante para él que no merecía sus palabras. El labio inferior me tembló y sentí el impulso de gritarle a pesar de que ya no estaba a la vista, pero mis pensamientos fueron dispersos al sentir mi cuero cabelludo siendo jalado hacía atrás con tanta fuerza, que caí de culo al piso. Agrandé los ojos al ver a mi padre frente a mí, con aquella expresión mortal. Mi primer pensamiento fue disculparme, implorar, pero no pude hacer nada de lo planeado, porque su mano no dudó en impactar contra mi mejilla ya lastimada. —¡Maldita ingrata! —gruñó desde su posición—. No permitiré que arruines este día. Será mejor que te cases con ese hombre el día de hoy, porque si no es así, te juro que lamentarás regresar a mi mansión. ¿Qué decides? La amenaza cayó sobre mí como un balde de agua. Sabía de lo que era capaz de hacer mi padre cuando estaba molesto. Él no media su furia, sus golpes. Por un instante, preferí convertirme en la esposa de Alexander Westwood antes de continuar siendo el saco de boxeo de mi padre. —Está bien… Me casaré.La tierra retumbó y una fuerte explosión aturdio nuestros oídos mientras veía como aquella preciosa cueva se derrumbaba desde sus adentros, nadie volvería a entrar a ese lugar, nadie tendría que volver a sufrir, estar retenido en tan horripilante laboratorio. Miré a mi alrededor y vi la devastación que había quedado provocado todo esto. Galaxy se encontraba al lado de una Palt, abatida en el suelo. Si no fuera porque Makena y la manada llegaron a tiempo para sacarnos de esos túneles, la historia sería diferente. Intente ayudar a los niños que habían capturado, estaban hambrientos y a asustados. —Paul está muy mal, me lo llevaré primero, ¿usted se encuentra bien? —Gracias, Makena, pero yo estoy bien, solo tengo algunos raspones. Preocupará por favor llevar a estos niños a la manada y tratarlos. —Dije levantándome del lado de la pequeña. —¿Y qué haremos con ella? —Señala a Palt que permanecía en el suelo, una parte de mí sentía lástima por aquella niña trasformada en máquina para mat
Parecía que mi pesadilla había salido a mi mundo, y ahora intentaba matarme, mire a la chica que hacía unas horas me había dicho su nombre, y aún no me lo podía creer, Palt… la hija de Paul estaba viva, frente a mis ojos… y no solo eso, ella había vivido engañada toda su vida, y manipulada por quien sabe quién. Sin contemplación me empujo hacia la puerta después de caminar lo que me pareció kilómetros por esos enrevesados túneles, mis ojos se acoplaron a la luz blanca de hospital de la habitación, cuando observe bien la habitación tenía ser pinta de un laboratorio, las máquinas, las probetas y los miles de artefactos. Matt entró tras de mi guiado por Galaxy. —¿Qué cojones es este lugar? —murmuro Matt acostumbrándose a la fuerte luz como yo. —Bienvenidos al laboratorio del futuro, aquí se creerá un precedente, en la historia de la humanidad. —Ahora… ¡Arrodíllate! —me increpo girándose hacia mí. —¿Qué pretendes con esto…? Ya nos tienes, pero aún no he visto a Paul —sonrió sínica y d
Makena y Matt prepararon los arcos y las navajas, incluso me dio una a mí y Sven para protegernos, el plan era encontrar una entrada desde la cueva, pero solo eran suposiciones. Los nervios eran palpables, no sabíamos que esperar y mi mente se remitía a lo que paso anoche, aquel beso… y luego el rechazo. Desde que me levante, Matt no me había mirado a los ojos ni una sola vez, una parte de mí sentía tristeza, removiendo sentimientos que había querido parar anoche. Pensé que si me despedía y tajante tomaba una decisión, mi mente cerraría por fin aquella historia inconclusa, que supiera que tenía que dejarlo ir, que era lo mejor para mí…. Pero entonces, si no funcionaba, si no podía dejar de sentir esto. ¿Qué haría…? «—Yo lo amo…» —No me hagas esto Sefire, por favor solo guarda silencio como antes. «—Guarde silencio cuando decidiste estar con ese lobo, guarde silencio cuando dejaste a Bleick... esta vez quiero que me escuches. Tanto tú como yo, ama a ese hombre, deja de negarlo… y no
La fogata iluminaba la cueva mientras ondulaban las sombras de las estalactitas, todos teníamos una cara apagada o simplemente pensativa, me levante del suelo y poniéndome frente a la fogata, le mire e inquirí.—Tenemos que tener un plan si encontramos el lugar donde están.—Y tengo el plan, lo esencial será que cuando encontremos a kara y el pequeño prioricemos sacarlos. Ángela, cuando tengas la oportunidad te lo llevarás contigo… yo intentare de alguna manera distraer a los que estén ahí, estoy seguro de que son más de uno. Mientras Makena busca salidas para escapar en caso de que algo pase. Si en un tiempo determinado no salgo, váyanse sin mí, no sabemos con qué nos encontraremos en ese lugar —todos guardaron silencio y vi como Makena le lanzó una extraña mirada de apuro, algo estaban escondiendo. Ya entrada la noche, escuche a Matt levantarse adentrándose a la cueva, y con rapidez me levanta para seguirle.—¿Que estaba haciendo…? —murmure para mis adentros, vi como la llama de su
Después de dos días de viaje, llegamos por fin a unas ruinas derruidas de lo que parecía ser una entrada subterránea, jamás había visto este lugar después de tantos años recorriendo estos bosques. Aquel marco de granito que apenas sostenía la puerta de hierro oxidado ya estaba empezando a ceder por el tiempo, Palt, aparto las enredaderas y empujando la pesada puerta, nos miró y dijo.—Entren primero…—¿Qué es este lugar, Palt? Que vamos a hacer aquí…—Ya lo verán con sus propios ojos, rápido ya hemos perdido mucho tiempo —kara me miro asustada, aquel subterráneo era atemorizante, estaba oscuro y la humedad empernaba el agujero.—No quiero entrar, Galaxy, Justin está muerto del miedo… está muy oscuro, por favor…. —enojada Palt tomo al niño y posando su navaja en el cuello increpo con rabia.—No te lo estoy pidiendo, o entras… O degolló a tu hijo aquí, me vendría perfecto, así no tendría que sacarle la sangre.—No, por favor… por favor deténgase. —Rogó kara y entonces intervine. Tomé un
—Sé que me dijiste que no querías hablar de esto —bajé mi mirada de los árboles y de la luz que intentaba atravesarlos y fruncí levemente el ceño escuchándole. —Pero… necesito quitarme este nudo de la garganta, no sé cuánto tiempo te tendré cerca, o si será el último día que podamos hablar… y me gustaría decirlo antes de que de nuevo me arrepienta de no decirte todo lo que pienso —me quede sin aliento deseando que no hablará, pero quería escucharlo. —Matt… —¡Ángela! El día que Sky murió… yo me derrumbe, no solo había perdido a mi protegida, sino que también había matado a mi padre, mi peor y más temido miedo, siempre repudie sus métodos y lo que representaba ser el Alfa. Al final yo también había terminado igual que él, me odié a mí mismo… tanto que no quise que me vieras transfórmame en el monstruo que sería partir de ese día. —me quede sin aliento inmerso en sus palabras de dolor que me llegaron erizando a Sefire. —Por eso aquel día te di la espalda, hui de ti como un cobarde po





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