En la oscuridad.
Sus manos eran como el mismísimo fuego, abrazando mi piel a su paso… una y otra vez acariciaba el dorso del interior de mis piernas desnudas, provocando pequeños corrientazos en zonas que no sabía que se pudieran despertar. Solté un gemido intentando separarme de su desenfrenado vaivén. Matt decidido tomar mi quijada, profundizando más aquel beso, quitándome hasta el oxígeno, pose mis manos en su pecho.
—M-Matt… podemos… un poco… —murmure con dificultad, mordió uno de mis labio