Deseada.
—¡Se supone que tenemos que follar para que por fin lo entiendas! —me miro con tanta intensidad que sentí que me faltaba el oxígeno. En silencio le dirigí tímidas miradas, sin tener idea de cuáles eran las palabras idóneas que tenía que expresarle. Jamás me había topado con semejante realidad, ningún hombre en la vida me había dicho que gustara de mí. Pero sería una mentirosa hipócrita si no aceptara que también él llamaba mi atención de maneras que nunca había sentido.
—Perdón… no deb