Matteo
Dio, dio, jamás había saboreado algo tan dulce como su coño, mi bella esposa parece toda una aparición, su cabello esta revuelto por toda la cama, sus mejillas rosadas por su orgasmo, su respiración agitada y sus labios entreabiertos para poder respirar mejor, están inyados por mis besos y por sus mordidas, mientras me comía su coño, observe como se mordía sus labios y solo quería pasar mi lengua por ellos y tenerla.
Coloco la punta de mi polla en su entrada y ella deja salir un suspiro