CAPÍTULO 38. SU ELECCIÓN
Dejé que la calidez del momento me envolviera por completo; contra toda lógica, me sentía cómoda junto al gran lobo.
— ¿Cómo te llamas? —me atreví a preguntar, casi sin darme cuenta.
El lobo, que parecía sumido en una especie de trance, abrió los ojos. Luego se incorporó lentamente, elevándose hasta alcanzar una altura imponente. Su presencia llenó el claro.
Se desplazó hacia el árbol más cercano y entonces comenzó la transformación.
Fue… alucinante.
Ante mis ojos, aquella enorme bestia empezó