CAPÍTULO 26. DEJAVÚ
Estoy segura de que dormí apenas unos minutos, di vueltas en la cama una y otra vez, intentando dejar de pensar en Alfa Daryion. Daryion… Repetía su nombre en mi mente, una y otra vez. Tenía un matiz dulce… pero al recordar sus palabras, ese sabor se volvía amargo.
Al llegar a la manada tenía que —no, necesitaba— encontrar un bosque al cual anclarme. Debía dejar salir a Myra; ella sabría qué hacer con este Alfa que me estaba sacando de quicio.
Pensé en Ottavio y en Dante. Sabía que no desistirí