Sophia lo miró sin entender.
—¿Por qué no? —preguntó.
—Porque… emmm… Es de mala suerte lavar platos en Noche de Brujas —se excusó torpemente—. Además, podemos seguir usándolos para comer papas fritas y ver otra película.
La mujer levantó una ceja. Esa había sido la excusa más patética que había escuchado nunca. ¿Lavar los platos en Halloween era considerando de mala suerte? ¿En dónde? ¿En el país de Nunca Jamás?
—Yo ya no tengo hambre… Y no estoy de ánimos para otra película —masculló. Se giró