Para cuando Thomas se dio vuelta y observó a los recién llegados, la vena del cuello automáticamente empezó a latir con fuerza. Gabriel y Lucas tenían la extraña habilidad de arruinar los mejores momentos. Ya había pasado cuando Thomas casi había marcado un try, y ahora había pasado lo mismo, cuando quería invitar a Sophia a tomar un café. Aquellos dos esbeltos jugadores caminaban por el pasillo con una sonrisa cínica pintada en sus rostros. La presencia de Gabriel siempre había sido suficiente