El túnel era largo, húmedo, angosto. La respiración de Sophia era un silbido irregular, mientras corría sin mirar atrás. A su lado, Castor apretaba los dientes, soportando el dolor de su brazo mal vendado. Xavier tropezaba, se volvía a levantar, apretando los puños como si fueran anclas que lo mantenían a flote en medio de una tormenta.
Pasaron una puerta abierta y una segunda clausurada. Bajaron una pequeña rampa. Luego doblaron hacia la izquierda, guiados por un cartel metálico oxidado que de