Sophia caminó hacia el estrado con paso seguro, llevando consigo únicamente su valor y su coraje. Se acomodó el vestido verde esmeralda que usaba y prestó juramento de decir la verdad. Gabriel se la comía con la mirada, observando a la mujer de la que se había obsesionado lista para dar su testimonio.
—Su Señoría, como bien se sabe, no puedo interrogar a la testigo ya que tengo un vínculo paternofilial con la misma —se excusó Charles desde su asiento—. Así que, si me lo permite, será mi socio y