Louis parpadeó, pero accedió al pedido de Sophia. Salió del camerino y cerró la puerta tras él. En la intimidad de la habitación, Thomas pudo permitirse ser él mismo. Sophia se acercó a él, quien seguía con los brazos cruzados, pero ya no podía ocultar la tensión en sus hombros.
Ella lo miró directamente, notando las líneas de preocupación que marcaban su frente.
—No tienes que hacerlo si no quieres —dijo Sophia en voz baja, con tono de comprensión—. Sé lo que significa para ti estar aquí y lo