Castor no reaccionó al principio. Se había quedado quieto, como si las palabras de Xavier lo hubieran dejado suspendido en el aire, con la respiración contenida y el pecho inflado por una angustia incipiente.
—¿Qué dijiste? —repitió, con la voz baja, seca, como quien necesita volver a oír una sentencia para entender que es real.
Xavier lo miró con esa gravedad inusual que le nacía cuando hablaba de su padre. Se le notaba el pulso firme, el mentón ligeramente levantado.
—Mi papá va a dejar el r