Gabriel seguía allí pasmado, observando como la pelota no había pasado entre los palos que formaban la hache del arco rival. ¡Era un tiro fácil! ¡Hasta incluso en sus estadísticas tenía un ciento por ciento de eficacia en los tiros más difíciles! ¿Cómo era posible que haya errado?
—¡Gabriel! —la voz de uno de sus compañeros lo sacó de su ensimismamiento. El capitán del equipo miró hacia atrás. El partido había seguido sin su participación, totalmente ajeno a su estado de shock— ¡El partido!
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