El eco de las palabras de Thomas se quedó suspendido en el aire entre ellos, cargado de un peso que Sophia no sabía si podía soportar. La promesa de un amor clandestino, escondida entre las sombras, tenía un matiz tentador y peligroso, como si estuviera abriendo una puerta que jamás podría cerrar.
Sophia lo miró, buscando en esos ojos marrones alguna señal de que aquello era un sueño, algo que podría desvanecerse con la luz del día. Pero Thomas permaneció firme, inquebrantable en su devoción.
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