Sophia caminó hacia el estudio de su casa con una taza de te en la mano y cubierta por su camperón de lana que ella misma había tejido a crochet. El día estaba helado y lluvioso, ideal para quedarse en casa todo el día, tomando algo calentito, escribir o simplemente acostada en la cama viendo televisión. Pero tenía que trabajar. Tenía que entregar los últimos capítulos de la novela que había escrito inspirada en la vida de Thomas. La idea le había encantado a su editor y consideraba que era una