Era su primer día como abogada en uno de los bufetes más prestigiosos del país, y Maribel decidió empezar con el pie firme. Puntual, elegante, enfocada. Aunque por dentro aún llevaba heridas abiertas, había decidido que su dolor no se notaría. Hoy, más que nunca, sería Lilith, pero con título en mano y la frente en alto.
Al caminar, todo en ella exudaba seguridad. Nadie imaginaría el torbellino que llevaba dentro.
Pedro Juan no podía apartar los ojos de ella.
La buscaba en cada esquina, bajaba