Capítulo 29.
Al despertar, durante unos segundos creí que todo había sido un sueño. La paz que Lucio había conseguido regalarme la noche anterior todavía permanecía en algún rincón de mi pecho, como el eco de un abrazo del que aún no quería despertar. Luego la realidad volvió de golpe. Mi padre, Julián, la empresa, la guerra. Nada había cambiado. Solo había descansado unas horas.
Antes de poner un pie en la sede de la empresa para enfrentar de nuevo a los leones, necesitaba armarme de perspectiva. Por eso,