Regresé a la empresa, consciente del terreno hostil que estaba pisando. Regresar a la sede central por segundo día consecutivo no lo hacía más fácil; al contrario, saber exactamente con qué tipo de alimañas me encontraría solo aumentaba la tensión en mis hombros. Llevaba el abrigo cruzado con firmeza y la barbilla en alto, lista para sostener la mirada de cualquiera que dudara de mi presencia allí.
Sin embargo, lo último que esperaba encontrar nada más cruzar el umbral era la sonrisa burlesca d