El trayecto en auto fue un descanso necesario para mi mente sobrecargada. No era un silencio pesado ni incómodo, de esos que te obligan a inventar conversación para llenar el vacío; era una calma densa y reconfortante. A medida que dejamos atrás la selva de concreto, el asfalto dio paso a un camino de tierra flanqueado por vegetación silvestre. Las montañas se alzaban a lo lejos, imponiendo su majestuosidad contra el cielo de la tarde. Con cada kilómetro que nos alejaba de la ciudad, sentía cóm