Capítulo 37.
Yuna
Sentí que el alma se me salía del cuerpo, como si una fuerza invisible me hubiera dado un golpe seco en el estómago, sacándome todo el aire de los pulmones. El mundo empezó a darme vueltas; sentía náuseas y un dolor agudo en el pecho que me quemaba las entrañas.
Era ella. Siempre lo sospeché, temía que este día llegara demasiado pronto y aquí estaba. Éramos las dos: ella, quién sabe en qué parte del mundo disfrutando del dinero que me robó y que seguramente mis padres le seguían enviando;