Capítulo 20.
Yuna
Era un maldito salvaje. Una bestia, un animal. Un hombre tan posesivo que tenía que marcarme y reafirmar el poder que tenía sobre mí. Y lo peor era que yo se lo permitía… porque me gustaba. Sí, me gustaba cómo me lo hacía. Me gustaba cómo me penetraba con esa fuerza brutal, cómo me tomaba sin ninguna delicadeza y me hacía sentir todo su poder. Me gustaba que se transformara en un animal en la cama y no lo ocultara, al contrario, lo dejaba salir sin vergüenza.
Aquella mañana desperté dolori