~ Marco ~
Ella no debería estar de rodillas por mí.
No en esta casa.
No con la puerta sin llave y el lugar lleno de empleados.
Pero no puedo dejar de mirarla.
La Elena que yo conocía —la reservada, la cuidadosa— había desaparecido. Esta mujer arrodillada frente a mí es puro fuego y deseo, audaz y sin miedos. Se me oprime el pecho y el pulso se me acelera al pensar que podría ser yo quien finalmente la reclame, quien la haga suya de una forma en que nadie más podría.
La he visto encogerse bajo l