Ese deseo es algo hermoso. Eso es lo que ansío: una dependencia completa, absorbente, de mi próxima decisión.Recojo la vela de baja temperatura, el pulso latiéndome con la necesidad de poseerla por completo. La forma en que tiembla, ciega debajo de mí, alimenta el caos que apenas he aprendido a contener.Inclino la vela y observo cómo una gota de cera rojo intenso cae.No apunto al centro ya castigado, sino justo al lado, sobre la parte interna de su muslo, increíblemente sensible y palpitante.Veo cómo la cera impacta y se endurece al instante, formando una capa cálida y tensa contra su piel.Deja escapar un sonido animal, sorprendido, que vibra directamente dentro de mí.—Así es como usas tu voz —susurro, mientras mis dedos recorren la nueva línea caliente de cera—. Te dije que te arquearas. Ahora mantente así, ratoncita. Arde para papi.Me muevo al instante. Mi mano toma un cubo de hielo del pequeño cubo plateado cercano. El choque es esencial, y no pierdo tiempo en dárselo.El hi
Leer más