Miro a la cámara con los ojos completamente abiertos. El corazón me martillea el pecho, dividido entre el terror puro a que alguien pueda vernos y el deseo desesperado y exhibicionista de que lo hagan.
Dejo que la lente lo capture todo: mi rostro encendido, mi cabello revuelto y la forma en que estoy tendida sobre la mesa, como un festín servido para él.
Click.
El destello del flash me ciega por un instante. No está transmitiendo en vivo. Solo tomó una foto... un registro permanente de mi sumis