—¡No! —ladré, y la palabra saltó de mi garganta antes de que pudiera detenerla.
Mamá se congeló. Daniel ladeó la cabeza, ensanchando su sonrisa burlona.
—No estoy… no estoy lista para eso, mamá —dije, con la respiración entrecortada. La humedad entre mis piernas seguía ahí, pero la idea de que mi madre se uniera era una barrera que aún no podía cruzar.
Mamá me miró fijamente por un largo momento, con una expresión indescifrable. Por un segundo pensé que se iba a enojar... pero luego suspiró, y