—Oye, no quise decirlo así. Estoy bajo mucha presión. Mi esposa quiere tener hijos... el problema soy yo, y esto me está matando —su voz se quiebra—. A veces... me pregunto si será por lo nuestro... Por las cosas que hicimos.
—Eso no tiene nada que ver —lo corté con frialdad.
—¿Cómo puedes estar tan segura?
—Porque yo soy la doctora, idiota —me acerco un paso más, hablando bajo pero con firmeza—. Ahora, si no te importa, déjame hacer mi trabajo. Este examen no es para tu viaje de culpa; es por