44. ¿Tan mal estás?
Los dedos me temblaban de una manera impresionante. El teléfono había caído varias veces en el pasillo por lo que tuve que entrar en mi habitación. Lúgubre, llena de sombras como una entrada endemoniada. En ese momento, tras la puerta, el único brillo provenía de mi teléfono y desde la ventana. Con una voz ligeramente áspera y un hilo de voz comencé a leer el mensaje que me llegó por redes por una cuenta falsa.
—En plena facultad de su voluntad y su deseo, Dante Ferrari promete contraer matrimo