43. Mi corazón cayó al suelo
Edward me sujetaba la pierna con una fuerza que, para su edad, era sorprendente. Había hecho unas galletas y, aunque intentara negarlo, quise hacerle un par a Dante. Él había estado la mayor parte del tiempo callado cuando estábamos en la casa de Nickolas; ni siquiera respondió con un comentario sarcástico cuando este le insinuó algo. Miró la bandeja de galletas, su mirada colorida se suavizó y, con una sonrisa tan sutil que apenas fue perceptible, movió la mano:
—Ya que hicieron las galletas,