26. Una verdadera familia
Su toque, su mirada, su presencia eran suficientes para hacerme temblar. Sabía que debía alejarme lo más posible de Dante, pero en ese momento sabía que estaba contra la cuerda. No dije nada, le arrebaté mi mano con ferocidad dirigiéndome hacia la puerta. Tomé la perilla sintiendo un escalofrío en toda mi espina dorsal capaz de hacerme jadear mentalmente.
—Louisa, piensa muy bien tu próximo movimiento —pronunció con voz ronca—. Puedo prometerte el infierno o el cielo dependiendo de lo que tú dec