—Áyax Valerio, vine tan rápido como pude...
El hombre no terminó de hablar cuando el Áyax hizo una señal a uno de sus guardias.
Este de inmediato lo interceptó golpeando al hombre mientras que Valerio los miraba tan impasible como siempre.
—¡Señor!
—Sabes que no me gusta la desobediencia, Kailan.
Solo te pedí una cosa hace unos días atrás, ¿Y qué hiciste?
El guardia jaló el cabello de Kailan con fuerza para que mirara en dirección de su gobernante quien a duras penas estaba controlando su furia